FESTÍN DE BUITRES
Con menos clase (en
todas las clases hay clases), con menos experiencia cepillando a pura suela las
grietas y junturas de Chiapas; con menos equilibristas de la realidad y más
contorsionistas de la ficción; con menos animales famélicos y más bestias
cebadas; con menos encantadores de la imaginación y más tenebrosos; regida la
pista por el domador en turno, el sin H. Congreso local ha actuado siempre como
una antipática copia del viejo Teatro Tallita. (En rigor, la carpa vernácula debe
llamarse Teatro Cinturita. Vive a expensas de la Prole)
Tigres en la exuberante
selva de las promesas y promociones espectaculares, gatos bodegueros ronroneando
desde la curul por el patrón. Caballeros de la noche en campaña, guasones de sexenio
completo toda vez conseguido su objetivo. Los payasos más truculentos, quizás,
Carlos y Eduardo. (Dominan mejor que nadie el arte humillante de la alternancia
en el rol de patiños)
Traemos a la
memoria sus más jocosas rutinas: porque
“hoy la sociedad está incrédula hacia las instituciones y hacia sus
representantes”, Carlos propuso desaforar a los servidores públicos, excepto a
su benefactor y otros convenientes etcéteras. Conocemos el epílogo de su
chascarrillo legislativo.






