FESTÍN DE BUITRES
Con menos clase (en
todas las clases hay clases), con menos experiencia cepillando a pura suela las
grietas y junturas de Chiapas; con menos equilibristas de la realidad y más
contorsionistas de la ficción; con menos animales famélicos y más bestias
cebadas; con menos encantadores de la imaginación y más tenebrosos; regida la
pista por el domador en turno, el sin H. Congreso local ha actuado siempre como
una antipática copia del viejo Teatro Tallita. (En rigor, la carpa vernácula debe
llamarse Teatro Cinturita. Vive a expensas de la Prole)
Tigres en la exuberante
selva de las promesas y promociones espectaculares, gatos bodegueros ronroneando
desde la curul por el patrón. Caballeros de la noche en campaña, guasones de sexenio
completo toda vez conseguido su objetivo. Los payasos más truculentos, quizás,
Carlos y Eduardo. (Dominan mejor que nadie el arte humillante de la alternancia
en el rol de patiños)
Traemos a la
memoria sus más jocosas rutinas: porque
“hoy la sociedad está incrédula hacia las instituciones y hacia sus
representantes”, Carlos propuso desaforar a los servidores públicos, excepto a
su benefactor y otros convenientes etcéteras. Conocemos el epílogo de su
chascarrillo legislativo.
Jaguar de
papel y plástico, Eduardo ha consumido
cinco años de su gestión (de sugestión), alfombrando su camino rumbo a la
gubernatura. Instituciones de básica
necesidad para el buen funcionamiento del estado merecieron presupuesto más
raquítico que la dispendiosa, inútil e ininterrumpida campaña del felino
doméstico. Gatúbelo.
Ayuno de vergüenza,
no obstante, lanzó la bengala de humo: a propuesta suya (de tanto repetir
parlamentos ajenos, los muñecos de ventrílocuo imaginan tener voz propia), “el
Congreso de Chiapas aprobó por unanimidad la eliminación de todo financiamiento
público para los partidos políticos en el año electoral 2018”. Dichos recursos, dicen, “serán destinados a la
reconstrucción y apoyo a los damnificados del sismo del pasado 7 de septiembre”.
Saben, sabemos del
hoyo negro donde se meterán los recursos para los quebrantados del sismo. No
hay dolor, no hay muerte, no hay bramidos de los paisanos que ablanden su
egoísmo. No hay penumbra que alumbre su conciencia. Esta vez, hasta la
naturaleza nos ha dado la espalda. Nos dejó convertidos en campo de piedras y lamentos.
Los buitres
festejan el festín de carroña. Ojalá la otra naturaleza, la humana de los
chiapanecos, despierte de su letargo, los condene a la indiferencia y atienda las recomendaciones de Dolores a su
hijo Juan Preciado: “No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo
obligado a darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo
caro”.

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